Saturday, June 12, 2010

Errores Mockusianos


La campaña de Mockus puede verse como un éxito o un fracaso, según el punto de vista que se tome.  Sin lugar a dudas es un éxito que todavía haya gente que esté dispuesta a votar por Mockus, muy a pesar de Mockus.  Pero incluso esta visión optimista muestra en sí misma que realmente debe calificarse como un rotundo fracaso.   En los debates presidenciales, el candidato-filósofo-matemático ha sido un verdadero desastre.  Para ser un filósofo es pésimo debatiendo.  Le falta claridad para comunicar sus ideas, y sus constantes pausas desesperan hasta al más convencido de sus seguidores.  Miremos, por ejemplo, el principal tema donde es absolutamente increíble que haya sido capaz de responder a los innumerables papayazos que su contrincante ha dado.

"La campaña de Santos sí tiene propuestas (detalladas, con números y cifras), y Mockus no propone nada."


A primera vista esta crítica parece ser cierta.  Pero, ¿realmente lo es?  El plan de gobierno de Santos tiene muchas cifras y lo que parecen ser muchas propuestas concretas, pero Mockus falló en decir, vehementemente, que lo que algunos ven como una debilidad en su programa de gobierno (algo que también criticaron todo el tiempo en Fajardo, antes de adherir al candidato del Partido Verde) realmente es una muestra clara de lo que Mockus ofrece: no más mentiras en los programas de gobierno.  Hacer promesas es fácil.  No sólo eso, hacerlas con datos en la mano es igualmente fácil, como cualquiera que haya trabajado en el Departamento Nacional de Planeación (o en Minhacienda) o leído un Plan de Desarrollo se puede dar cuenta.  Estos planes de desarrollo no son más que un montón de propuestas, con un puñado de cifras que las fundamentan, y poco o nada de éstas realmente se ponen en práctica.  Lo mismo pasa con el plan de Santos, pero Mockus, poco conocedor de temas económicos, ha sido incapaz de mostrarlo (aunque en el último debate reaccionó por fin en esta dirección... lástima que hayan tenido que pasar 5 minutos de Santos dando cifras y varios silencios del candidato verde para que esto sucediera).  No sólo eso, sólo hay que volver a mirar lo que Uribe prometió en su plan de gobierno.  De todas sus propuestas, la única en la que realmente avanzó fue la que explica realmente por qué lo eligieron: acabar el conflicto.  A esto hay que añadirle que Uribe tuvo durante sus dos gobiernos mayorías parlamentarias, y sólo mediante el uso de prácticas clientelistas que algunos aborrecemos, pudo pasar algunos de sus proyectos de ley.   Santos promete mucho, y muchos puntos son groceramente contradictorios (por más que el modelo de consistencia macroeconómica del DNP, que Echeverry conoce bien y que no dudo ha utilizado personalmente, no sólo para darle un tono de seriedad al programa, sino que probablemente utilizó recurrentemente en sus oficios como consultor antes de apoyar la actual campaña), y otros simplemente idealistas (por ejemplo, cómo piensa exactamente reducir la informalidad? En esto ha sido tan vago y difuso como el mismo Mockus).

Mockus debería haber sido mucho más vehemente en señalar esta diferencia.  El plan de Mockus-Fajardo parece estar centrado en la legalidad y la educación.  Aunque sigo dudando exactamente cómo puede generar el cambio cultural que propone (y no sólo eso, su relativo éxito cuando hay incentivos materiales tan poderosos) en el campo de la educación hay mucho que se puede decir, cifras en mano.

No creo ser muy original, o tener un poder predictivo fuera de serie, para decir que es poco probable que Mockus gane.  Quienes no vamos a votar por Santos podemos entonces votar por Mockus, votar en blanco, o abstanernos.  Dado que yo siempre voto, en este momento estoy dudando si premiar a un candidato tan torpe como Mockus, o votar en blanco.  Aunque mi voto no va a cambiar los resultados, por lo menos intentaré estar tranquilo conmigo mismo.

Santos, la división de poderes y FDR


El candidato uribista Juan Manuel Santos cita con frecuencia a Franklin Delano Roosevelt (FDR), presidente de EEUU entre 1933 y 1945, al tener que responder la pregunta sobre qué hacer para recomponer las maltrechas relaciones entre los poderes judicial y ejecutivo en el país.  Siendo el audaz político que es, Santos esquiva la pregunta diciendo que el poder judicial debe hacer parte de su "gran pacto de unidad nacional por la prosperidad" y cita a FDR diciendo que en las democracias modernas los poderes del poder público deben marchar en la misma dirección para que funcionen de manera correcta.

FDR tuvo enfrentamientos muy fuertes con la Corte Suprema en EEUU, cuyas principales responsabilidades son más cercanas a las de la Corte Constitucional  que a las de la Corte Suprema de Justicia colombianas.   El escollo principal que enfrentó fue lograr que la Corte aprobara la constitucionalidad de varios de los programas propuestos por FDR y luego discutidos y aprobados por el Congreso.  Hay que recordar que las principales reformas de su gobierno consistieron en un paquete de ayudas para los más pobres durante la Gran Depresión, la peor crisis económica mundial del siglo XX.  Su plan consistió no sólo en restringir el funcionamiento de los  mercados--- y en particular el mercado financiero--- sino en proponer una serie de reformas que implantaban, por primera vez en la historia del país del norte, un estado de bienestar parecido al que varios países europeos ya habían implantado.  La Corte, renuente a dejar que el Estado asumiera papeles que por tradición han sido asignados exclusivamente al mercado fue víctima de varios ataques y discursos por parte del primer mandatario.  Su último ataque fue intentar aumentar el número de jueces de la alta corte para lograr tener una mayoría que aprobara la constitucionalidad de sus reformas.  Aunque FDR no pudo lograr reformar la Corte Suprema, al final, gracias a sus sucesivos períodos presidenciales--- cuatro en total hasta su muerte--- logró tener una mayoría totalmente elegida por él.

Conociendo mejor esta historia, quedan varias preguntas sobre el uso recurrente del ejemplo estadounidense en las respuestas de Santos.  ¿Por qué es tan importante, o significativa la experiencia de FDR?  El argumento de Santos parece ser que si una figura como el presidente norteamericano pudo acabar con el balance de poder, en Colombia algo parecido puede no sólo ser recomendable sino también necesario.  Suponiendo que argumentar por analogía es lógicamente válido, podría uno también decir que como FDR se hizo reelegir tres veces, en Colombia algo parecido debería implementarse.  Sobra decir que el uso de analogías carece totalmente de validez argumentativa y encontrar ejemplos es fácil (ej. EEUU bombardeó Iraq, luego Colombia puede hacerlo también con los vecinos).

Pero el análisis histórico muestra, sin lugar a dudas, varias facetas de Santos a las que muy probablemente deberemos acostumbrarnos, y que tristemente--- aunque no es sorprendente luego de la presidencia de Uribe--- los colombianos están dispuestos a reelegir masivamente.

Saturday, May 22, 2010

Mockus, el castigo social y la cooperación

La noticia de un joven que fue golpeado por reclamarle a un grupo de personas que decidieron entrar sin pagar a Transmilenio me recordó uno de los grandes éxitos de Mockus como alcalde de Bogotá.

Empiezo por darle un contexto teórico a la discusión.  Probablemente uno de los juegos más estudiados en las ciencias sociales es el Dilema del Prisionero, en donde dos individuos deben decidir si cooperan o no.  Si lo hacen, los dos obtienen el máximo beneficio posible.  Si ninguno coopera ambos pierden un poco en relación al resultado socialmente deseable.  Lo interesante de este juego--- lo que lo vuelve un dilema--- es que si los dos jugadores actúan de manera racional, pensando únicamente en ellos, el único resultado estable (un "equilibrio") es que ninguno coopere, resultado lamentable por supuesto, pues si existiera algún mecanismo creíble, ambos estarían mejor si cooperan entre ellos.  Si el juego se repite (infinitas veces), los individuos cooperarán en equilibrio, una y otra vez, si existe alguna estrategia en donde cuando uno no coopere, el otro lo castigue el siguiente período; una de estas estrategias es la de Ojo-por-Ojo (traducción mía del "Tit-for-Tat" en inglés).

Utilizando este modelo, algo abstracto, y aplicándolo para el caso de una sociedad con muchos individuos, no es difícil pensar que para que sea sostenible en el tiempo debe haber mecanismos tales que garanticen la cooperación entre ellos, siendo uno de estos el del castigo social: si alguien hace algo indebido, los demás lo señalan y lo castigan.  La ley, en sí misma, si se aplica, cumple con esta función social, pero en muchos casos, faltas menores que son deseables de controlar, pero que son difícilmente monitoreables a través de mecanismos policivos, podrían reducirse a un mínimo socialmente aceptable a través del castigo social.

Mockus, por medio de pedagogía y avisos con un dedo hacia arriba en señal de aprobación, y uno hacia abajo en caso contrario, logró hacer algo que parecía imposible en una sociedad, como la bogotana, que se había acostumbrado a que cualquier tipo de castigo social podría poner inmediatamente en riesgo su vida.  La solución fue absolutamente genial: los ciudadanos deben empezar a ejercer control y castigo social, pero éste debe hacerse de manera tal que no ponga en riesgo sus vidas.  La forma de estandarizar el proceso fue por medio de las señales previamente descritas, lo que garantizaba que el infractor supiera que esa regla de juego era socialmente aceptable, y al mismo tiempo minimizaba el riesgo de agresión por parte del infractor, en respuesta a un reclamo igualmente agresivo.

Teniendo en cuenta el contexto en el que vivió Colombia durante los 80s y 90s con el narcotráfico y los considerablemente mayores índices de violencia, lo de Mockus fue apoteósico, y necesario.  Cuando uno tiene la posibilidad de vivir en el exterior, en sociedades desarrolladas, se da cuenta que el control social es aceptado y se utiliza con frecuencia.  La pregunta de siempre es la de causalidad: qué fue primero, el huevo (el desarrollo económico) o la gallina (la obediencia cívica).  La pregunta sigue estando abierta, pero en este caso particular, es intuitivo pensar que una condición necesaria para que una economía logre desarrollarse es que existan mecanismos que garanticen la cooperación, que es el argumento principal de economistas institucionalistas como Douglass North.

Queda la duda, si algo como el experimento de Bogotá se puede repetir a nivel nacional.  La tarea es considerablemente más difícil, en particular porque los incentivos para desviarse son poderosos, que no era el caso de las infracciones menores que Mockus redujo por medio de pedagogía cívica en Bogotá.

Mockus, ¿presidente?

A casi una semana de las elecciones presidenciales, las encuestas muestran todavía, y de manera consistente, a Mockus y a Santos en la delantera, y es cada vez más improbable que alguno de los dos gane en primera vuelta.  En materia económica y en el conocimiento de algunos temas de Estado, Santos parece llevarle ventaja a Mockus, quién, en los más recientes debates y entrevistas ha mostrado su falta de experiencia en temas claves a nivel nacional.  Santos genera una amplia animadversión entre los antiuribistas, pero en un país donde el Presidente todavía tiene gran aceptación esto no puede explicar por qué el candidato del partido verde tiene posibilidades reales de ganar.  Más bien, el fenómeno se puede explicar por lo que parece ser un rechazo genearlizado a las prácticas politiqueras que, con algo de razón, se le endilgan al candidato del Presidente.

¿Qué puede pasar en si Mockus llega a la Presidencia?  Por un lado, da confianza el hecho que Mockus entiende y acepta sus debilidades, y se rodee de expertos en temas fundamentales a nivel nacional.  Fajardo sería un excelente Ministro de Educación, y me gustaría ver a Peñalosa más como Ministro de Transporte que como Ministro de Defensa.  En materia económica, Salomón Kalmanovitz o Alejandro Gaviria podrían ser miembros activos del gabinete, reforzando así la principal falencia del candidato verde.  En general, estar rodeado de expertos en cada uno de estos frentes da confianza al elector preocupado por lo que puede ser una propuesta de gobierno superficial e idealista.

Pero si la principal razón del electorado para votar por Mockus es su transparencia y honestidad y la disposición absoluta que tiene en la lucha contra la corrupción, ¿puede Mockus realmente cambiar la forma como se hace política?  La respuesta no es fácil, pero un análisis breve detrás de los incentivos del mercado de políticos puede dar algunas luces.

Un primer cambio que se puede lograr es hacer que la ciudadanía sea responsable del control político.  Esto lo puede hacer por medio de pedagogía y de dar ejemplo.  En democracias avanzadas esto sucede por medio de organizaciones de individuos y la democratización de internet puede facilitar aún más la labor.

Por otro lado, dudo mucho que logre, en el corto plazo, un cambio en la "oferta" de políticos, caracterizada actualmente por individuos que, en su mayoría utilizan el poder para su propio beneficio.  La idea de una democracia con políticos altruistas, cuyo único interés es el bien común del "país" o de su grupo de interés es utópica y en este caso, los incentivos son poderosos.  Sin embargo, la historia reciente del país--- y en particular las exitosas alcaldías en Bogotá y en Medellín--- muestra que puede haber un efecto importante sobre la oferta de políticos.  Una característica del mercado actual es que hay poderosas barreras a la entrada de políticos honestos, puestas desde adentro por la mayoría deshonesta.  El caso de un Presidente honesto--- así como el de un Alcalde honesto--- puede cambiar las expectativas de quienes estén considerando empezar a caminar el curvilíneo camino de la política, y pensar que realmente sí es posible lograrlo (por ejemplo, ¿habría podido Fajardo llegar a la alcaldía de Medellín sin el éxito de Mockus-Peñalosa en Bogotá?  ¿Lo habría siquiera intentado?).  Intuyo que de llegar Mockus a la Presidencia, una nueva camada de "políticos buenos" podría engrosar la oferta de políticos, y, dado que el mercado está restringido a unos cuantos puestos, sustituir a algunos de los "malos políticos".

Finalmente, Mockus podría también tener un efecto sobre la "demanda de políticos".  El elector muestra desinterés cuando es indiferente entre un político malo y cualquier otro: en la práctica sabe que nada va a cambiar y que los dos van a robar o usar el poder para su propio beneficio.  Pero si la experiencia Mockus es positiva, esto puede alimentar la demanda de "buenos políticos" que, sumado al efecto sobre la oferta, terminaría por llevarnos a lo que los economistas llamarían un "equilibrio superior", es decir, un estado de la naturaleza que es mejor para la sociedad en conjunto.

Pensando como científico social, me gustaría ver a Mockus ganar: sería una experiencia única para ver qué tanto puede afectar un "buen político" el equilibrio de corto, mediano y largo plazo, y poner a prueba lo que las más simples intuiciones sugieren.  Como colombiano espero que el experimento funcione.  Dudo mucho que los costos de no hacerlo sean altos, y ojalá más colombianos piensen lo mismo.

Monday, May 3, 2010

El disfraz santista

Ya en alguna ocasión escribí por qué desconfío de los candidatos que, como Juan Manuel Santos, tienen la camaleónica facilidad de cambiar su plumaje ideológico con tal de llegar al poder. Desconozco si esta preocupación genera la misma desconfianza en el elector promedio, o mediano--- como lo llamarían los economistas y politólogos--- pero de ser así, el pronunciamiento de hoy debería perjudicarlo aún más en las encuestas.

Ojalá sea así. Ojalá podamos vencer, probablemente por primera vez en la historia reciente, al clientelismo y la politiquería. Vamos a ver hasta dónde llega la gallardía del electorado colombiano.

DV

Sunday, April 11, 2010

Una elección presidencial histórica?

La elección de Obama como presidente de EEUU fue tan emotiva que alcanzó a cautivar a individuos que, como yo, tenemos todo menos un sentido de pertenencia por el país del norte.  Fue emocionante ver a jóvenes y viejos de todos las razas y colores llorar de felicidad al ver al primer presidente negro en la historia de un país donde el racismo todavía no se ha alcanzado a erradicar totalmente.  Confieso, que en ese momento derramé también unas lágrimas de emoción por lo que parecía ser un suceso histórico, capaz de marcar a una joven e inexperta generación como la mía.

Podrá estar relacionado con la emotividad característica del guayabo dominguero, pero hoy he derramado nuevamente unas lágrimas por la emoción del fenómeno Mockus-Fajardo.  La soprendente dinámica electoral ha hecho mella en mis más primitivas emociones electorales generando así una serie de incómodas contradicciones a las que no estoy acostumbrado: no hace más de un par de semanas escribí acá las razones por las que no votaría por él para Presidente, razones que siguen teniendo total validez y que todavía son motivo de preocupación.  Cuando escribí esa nota, sin embargo, se me olvidó escribir un posdata que debía decir algo como "PD.  Reconozco sin embargo que la misma crítica se habría podido escribir de Mockus antes de sus dos períodos como alcalde de Bogotá.  Queda la posibilidad que, como en el pasado, su honestidad, transparencia, consistencia y creatividad tenga nuevamente la capacidad de sorprender al elector más racional y aterrizado."

En  este momento ni el más audaz analista político es capaz de anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas, porque estas elecciones han tomado visos caóticos e impredecibles, y, como en el dicho popular, es posible que el aleteo de una mariposa tricolor tenga consecuencias inexorables sobre el resultado de la contienda por la silla del primer mandatario.  Sólo puedo decir, todavía con una lágrima de emoción que corre alegremente por mi mejilla levemente enguayabada, que tengo la esperanza que nuestra generación sea testigo de un hecho histórico donde derrotaremos por fin la ley del más fuerte, de que el que tiene la plata o el arma tiene el poder, pero aún más importante, donde se imponga, así sea de manera temporal, la idea de que el fin no justifica los medios sino que los medios son un fin en sí mismo.

Friday, March 26, 2010

Qué es importante para elector colombiano?

En alguna entrada anterior sugerí que para el elector los dos temas importantes son el desempleo y la seguridad. En ese momento estaba especulando, un poco pensando en cómo funciona el elector en EEUU.  Por supuesto, la comparación es pésima, pues el elector promedio gringo es bastante diferente al promedio colombiano, y los problemas que cada país tienen son radicalmente diferentes.  De todas formas la apuesta en ese momento sonó razonable: desempleo y seguridad.

La más reciente encuesta de El Tiempo y La W sin embargo, sugiere por lo menos dos cosas: (1) aunque estaba equivocado, el descache no fue mayor y (2) el elector colombiano, de acuerdo con las encuestas, es totalmente irracional.

Según la encuesta, los problemas son, en orden de importancia, desempleo, pobreza, calidad de salud e inseguridad.  De lejos, el problema más importante es el desempleo, y la seguridad ocupa en humilde cuarto puesto.  En conclusión, no estuve tan mal, aunque por supuesto lo que dije es medio obvio.  Lo curioso del asunto es que si hubiera consonancia entre los problemas y los candidatos, el ránking de problemas debería tener alguna correspondencia con el de los candidatos.  Por ejemplo, si el desempleo es un tema crucial para el elector, el candidato con mayor intención de voto sería aquel que tenga propuestas convincentes para aliviar el desempleo.  La misma encuesta sugiere que este no es el caso: Santos y Noemí están, de lejos, a la cabeza, seguidos por Mockus, Petro y los demás candidatos.

La conclusión es simple: o los electores no sabe qué problemas son importantes, o no saben qué proponen los candidatos, o las encuestas no están capturando al electorado potencial real.  Y la conclusión más de fondo es que realmente no sabemos cómo vota el elector colombiano.  Puede que sea también un "elector borracho" y realmente haya poco de sistemático en nuestra democracia macondiana, que se ciñe solamente a las reglas del realismo mágico.

Thursday, March 25, 2010

Noemí, la Palin colombiana?

Hay dos cosas de Noemí Sanín que me llaman mucho la atención.  Primero, la confusión ortográfica que su nombre genera en algunos comentaristas que sin la más mínima vergüenza, le meten una "h" entre la o y la e.  Segundo, y tal vez más importante, lo superficial y repetitiva que son sus respuestas.  Me gustaría decir que la primera es de forma y la segunda de fondo, pero en este caso, tristemente, las dos son de forma y Noemí parece no tener fondo alguno.

No pude ver el debate de RCN, pero lo dicho por varios observadores, apunta a que Noemí nuevamente se rajó.  Sus respuestas dejan ver el claro rastro de sus asesores, y se nota que ha hecho la tarea de memorizar y repetir.  No me sorprendería que si le preguntan algo salido medianamente del libreto, la Sanín, como la Palin, deba recurrir a la copialina.

Sin embargo no estoy seguro que la comparación con la Palin sea apropiada.  Después de todo esta última salió elegida como gobernadora de Alaska, y Sanín nunca ha sido elegida.  En Palin se notaba el claro desconocimiento de cultura general y geografía, pero Sanín no ha hecho más que viajar así que su visión de mundo debe ser mucho más amplia.

En un país como Colombia la comparación más apropiada tal vez sea con las reinas de belleza, a quienes, en los meses antes del certamen, los asesores "reales" hacen una real limpieza cerebral y todas repiten, con una confianza igualmente practicada, las mismas respuestas a las mismas preguntas sacadas del libreto.  En el caso de la Sanín, el paso de la aspiradora mental de sus asesores es aparente, y el resultado es un producto poco llamativo, más cuando se le contrasta con Arias, el saltimbanqui en versión "mejorada".

Termino especulando y dejando salir al psicólogo popular que todos tenemos por dentro: el problema de Sanín es haber perdido tres elecciones presidenciales.  En su caso, perder no es ganar un poco y se nota el desgaste mental, los complejos y frustraciones del pasado. De todas formas, Noemí tiene algo asegurado: el 7 de agosto se va de viaje; yo sugeriría la embajada en China, donde ojalá, el bagaje cultural y espiritual del gigante asiático puedan, de una vez por todas, exorcizar definitivamente a los demonios del pasado.

Monday, March 22, 2010

Candidatos consistentemente inconsistentes


Uno de los resultados más soprendentes en la teoría de la probabilidad es lo que podríamos llamar "el teorema del borracho" de una caminata aleatoria, que se puede resumir de la siguiente manera, utilizando el gráfico (tomado, sin permiso, de Wikipedia): escoja cualquier punto en la región blanca del gráfico; la línea roja muestra por dónde camina el borracho aleatorio, si inicializamos el proceso en un punto cualquiera.  Con probabilidad uno, una caminata aleatoria (la línea roja) eventualmente pasará por ese punto, aunque probablemente tocará esperar un buen tiempo.  Como todo teorema sorprendente, este parece sacado del sombrero del Mago Lorgia, y se podría denominar "la predictibilidad de ser impredecible": podemos predecir con total certeza algo sobre un proceso puramente estocástico.

En la política colombiana actual hay un fenómeno análogo que podríamos llamar "la consistente inconsistencia de (algunos de) los candidatos presidenciales". Se trata precisamente de aquellos candidatos que tienen la particularidad de estar un día en un bando y el siguiente en el bando contrario haciéndolos predeciblemente impredecibles y demostrando no sólo su sed de poder sino que están dispuestos a todo para alcanzarlo.  Este es el caso de los dos candidatos uribistas, uno de los cuáles probablemente será el próximo Presidente de Colombia, si la tendencia de las más recientes encuestas y elecciones parlamentarias se mantiene.

Lo soprendente de todo esto es que siendo unos "borrachos aleatorios"--- en el sentido figurado--- sean precisamente ellos quienes lideran las encuestas y que haya un gran número de potenciales electores que estén dispuestos a depositar su voto por ellos.  Y digo que es sorprendente, porque si el teorema es válido con ellos, tarde o temprano éstos electores serán traicionados y su voto perdido: si los eligieron porque prometieron X, eventualmente harán Y.

No pretendo en esta nota enseñarles a votar a los colombianos.  No sólo es odioso y pretencioso, sino que va en contra de los principios democráticos: cada quién vota por quién quiera.  Pero en mi opinión personal esta observación vale la pena tenerla en consideración para los próximos comicios presidenciales.  Una de las características que uno debería buscar, creo, en sus candidatos es que sean consistentes y coherentes en el tiempo.  La coherencia es deseable precisamente porque si uno vota porque prometieron X, hay una alta probabilidad que por lo menos intenten hacer X y no Y o Z.

En un extremo del espectro de la predecible impredictibilidad se encuentran Juan Manuel Santos y Noemí Sanín que en el pasado han mostrado poseer la característica de ser consistentemente inconsistentes.  En el  extremo opuesto se encuentran Mockus y Fajardo que no sólo han venido repitiendo hasta el cansancio el mismo discurso, sino que el discurso es coherente con sus acciones como alcaldes.  Los otros candidatos, Pardo, Petro y Vargas Llerás, ocupan puestos intermedios.  Ahora que lo pienso, la posición en el espectro está fuertemente correlacionada con la intención de voto.

Se acerca el día de la primera vuelta, y muy pronto veremos si el electorado es capaz de vencer en las urnas a los "borrachos electorales", o si por el contrario, el destino del país quedará en sus manos y dependiendo en gran medida de las leyes de la probabilidad y la politiquería.

Friday, March 19, 2010

La Emergencia de los Falsos Positivos

El gobierno Uribe ha sido blanco de innumerables críticas, pero probablemente la que ha generado los más fervientes adjetivos es lo que algunos llamarían "la emergencia de los falsos positivos".  El término "emergencia" puede hacer referencia a un estado de máxima alerta que necesita de una acción inmediata, o el de un fenómeno nuevo o novedoso, y sin lugar a dudas, ambos sentidos están en consonancia con las críticas que se han hecho en público y en privado en más de un hogar colombiano.

Parto de la base que hay un hecho incontrovertible: hoy parece haber más víctimas de falsos positivos que en el pasado reciente (la memoria política suele ser de cortísimo plazo).  Sin desestimar la gravedad de los hechos, en este comentario pretendo hacer dos puntos, que me parece son fundamentales: (1) Aunque hay razones para creer que en efecto puede haber aumentadado el número de casos, la percepción de los mismos puede estar sobreestimando la magnitud real del fenómeno; y (2) los falsos positivos no son un invento de Uribe, su Ministro de Defensa o los miembros de las FFMM; siempre han existido en mayor o menor medida y por lo tanto, el segundo sentido del término "emergencia" no es realmente apropiado.

Empiezo por lo obvio: si queremos entender las causas del fenómeno hay que entender los incentivos que tienen los directamente involucrados en el conflicto.  Dicho de otra forma, si a los militares se les mide por resultados, y se les exigen resultados, los militares proveerán resultados, falsos o verdaderos.  Con esto quiero decir que el fenómeno de los falsos positivos no es nuevo; siempre estuvo ahí y, me atrevo a decir, no es una característica única de la guerra en Colombia (aunque seguramente es más común en guerras irregulares en donde la línea que separa e identifica a miembros de bandos contrarios es muy delgada y difusa.).  ¿Por qué lo digo con tanta seguridad?  Probablemente lo único que entendemos bien los economistas es que mientras haya incentivos para que un fenómeno emerga, así será.  A Uribe lo eligieron para ganar la guerra, y es claro que aumentó--- considerablemente--- la exigencia sobre las FFMM.  Por otro lado, el análisis económico también sugiere que de dos posibles fenómenos que puedan emerger, aquél que tenga un menor costo lo hará más rápidamente y en mayor proporción.  La degradación de la guerra y la falta de controles internos sugieren que efectivamente es más fácil hoy para un militar matar un inocente que matar a un guerrillero.  Por otro lado, Uribe también mejoró la productividad de los militares por medio de mayores y mejores insumos para enfrentar la guerra (armamento y tecnología, así como un aumento en el pié de fuerza), así que también hubo una reducción en los costos de "verdaderos resultados", como las estadísticas lo han mostrado.

En resúmen, la seguridad democrática aumentó la exigencia, pero también redujo los costos de mostrar "resultados verdaderos" (bajas y capturas de guerrilleros).  El efecto sobre lo que hemos llamado  "resultados falsos" depende de qué tanto aumentan unos y otros.  Supongamos por ejemplo, que el aumento en la exigencia fue proporcional a la reducción de costos: son estos supuestos compatibles con lo que hemos llamado el "hecho incontrovertible"?  Desafortunadamente la respuesta es positiva: si otra consecuencia del gobierno Uribe es la polarización política, los incentivos de la oposición para hacer mejor su tarea también aumentan e invertirán más y mejores recursos para encontrar las fallas del gobierno.  Por esto, incluso si no hubo un aumento real del fenómeno, parecerá que así lo fue.   Creo que es indiscutible que la oposición efectivamente ha hecho mejor la tarea de control, y esto explica también por qué podemos estar sobreestimando las proporciones del fenómeno.

Pero también hay razones para pensar que el fenómeno pudo haber aumentado realmente, en contraste con el aumento aparente descrito arriba.  La guerra tiene lo que en economía llamamos "rendimientos decrecientes" en donde incrementos adicionales de insumos genera efectos cada vez menores.  Varios comentaristas han mencionado antes que esto parece estar pasando con la SD y que hace un buen tiempo entramos en la fase de rendimientos decrecientes.  En términos de los dos posibles resultados, lo que esto significa es que los costos de "resultados verdaderos" ha aumentado en relación a los "falsos resultados", y el nivel de exigencia no parece haberse reducido.  La conclusión es que debemos esperar un aumento en los segundos, y una reducción de los primeros.

Creo que esto es todo lo que se puede decir sin entrar a especular: los falsos positivos no se los inventó Uribe; hay razones convincentes para pensar que el fenómeno siempre estuvo ahí, y no sólo eso, que es característico de las guerras en general.  Tampoco es necesariamente cierto que el número de falsos positivos ha venido en aumento durante el gobierno Uribe, aunque hay razones convincentes para pensar que así pudo ser.  Finalmente, también hay razones para pensar que la verdadera magnitud del fenómeno se ha sobreestimado.



PD. Alguien podría argumentar que la analogía de la guerra con la operación de una empresa es equivocada, y que por lo tanto el análisis económico realmente tiene poco que decir.  Por supuesto, estoy en desacuerdo.  El análisis que yo he llamado "económico" tiene realmente poco de "economía"--- error frecuente entre quienes no han estudiado con deternimiento esta disciplina--- sino que ha hecho énfasis en los incentivos de los combatientes.

De todas formas acabo de recordar un ejemplo relativamente reciente que muestra que la analogía dista mucho de estar equivocada.  Tomemos el caso Enron, por ejemplo.  El principal delito de Enron fue un falso positivo que consistió en reportar ingresos cuando contablemente no lo eran (por supuesto, con el objetivo de defender el de por sí alto precio de las acciones).  En este caso, como en el que se discute arriba, los incentivos eran poderosos y los costos relativamente bajos.  ¿Fue Enron el inventor de esta conducta?  Lo dudo mucho, y el lector interesado puede consultar el magnífico libro de Kindelberger.

Saturday, March 13, 2010

Educación y la revolución digital

En algún libro de Amartya Sen que leí hace un par de años, el ganador del Nóbel citó a un alto funcionario de uno de los países del milagro asiático diciendo que ellos se dieron cuenta que aunque la revolución industrial los había dejado, no podían dejar que hiciera lo mismo la revolución digital. La llegada masiva de tecnologías de información en general, y de internet en particular, ha sido una lenta revolución cuyos efectos de mediano y largo plazo todavía son difíciles de cuantificar.

En Colombia, varios candidatos presidenciales han puesto la educación como objetivo principal en su programa de gobierno, aunque todavía no es claro exactamente qué pretenden hacer. Varios sugieren--- Fajardo a la cabeza, aunque también se lo he oído a Arias, Vargas Lleras y Pardo, entre otros--- que es fundamental que los colombianos más pobres tengan acceso a la educación universitaria, condición necesaria para mejorar el nivel de mobilidad social (es decir, la probabilidad que un hijo de padres del decil más bajo de la distribución del ingreso pueda escalar la pirámide de ingresos durante su vida).

Sin embargo, hasta donde estoy informado, no he leído ni oído que candidato alguno hable de la importancia de volver el acceso a las tecnologías de información una prioridad y una política de Estado (todos, por supuesto, han hecho uso de redes sociales, tratando de imitar el éxito que Obama tuvo en su carrera a la presidencia de EEUU). Y con esto no sólo quiero decir que se debe universalizar el acceso a internet. Me refiero a establecer, como parte del pénsum obligatorio en el colegio, educación en tecnologías de información, así como lo son las matemáticas, la historia, la física y la química. En el siglo XXI es cada vez más importante tener habilidades de programación y desarrollo de software y aplicaciones para internet, e intuyo, los colombianos en general carecen de tales habilidades.

Aunque el vagón de la revolución industrial nos dejó bastante rezagados, tal vez así podamos, como los asiáticos, coger el tren de la revolución digital. Pero es necesario que el Estado estableza unos lineamientos mínimos, y el Gobierno está en mora de empezar.

Tuesday, March 9, 2010

El TLC y la elección presidencial

El TLC con EEUU es uno de esos temas que no se ha tocado en las discusiones con los candidatos y precandidatos presidenciales. Sin lugar a dudas puede ser aún temprano para esto, y el tema sólo se empiece a debatir después de la primera vuelta. De cualquier forma, llama la atención que ningún candidato lo haya tomado como bandera de campaña, pues, intuyo, muchos colombianos están cansados del trato que el país del norte le ha dado al país. ¿Son los beneficios del TLC tan grandes como para que Colombia suplique por su firma? Es claro que el gobierno Uribe piensa que sí. Pero, ¿qué piensan los colombianos sobre esto? Lo dicho por Luis Carlos Villegas esta semana sugiere que hasta los empresarios se están empezando a aburrir del tema.

Mi opinión personal es que Colombia debería decir que por ahora no está interesado en el tema; que ya no nos interesa, a menos que las condiciones cambien. El riesgo es que EEUU decida que entonces las preferencias arancelarias ATPDEA también se retiran. En ese escenario, la medida debería también perjudicar a los otros beneficiarios del tratado (Bolivia, Ecuador y Perú) y el panorama político para EEUU en América Latina terminaría por ensombrecerse, algo que no creo que el país del norte quiera.

Desafortunadamente las relaciones con estos países, excluyendo a Perú, no son las mejores. Pero vale la pena volver a pensar en negociar en bloque este tipo de tratados, sobre todo ahora que el poder de negociación de Brasil ha empezado a ocupar espacio en los medios internacionales.

Habrá que ver qué dicen los candidatos.

Sunday, March 7, 2010

Mockus y lo nacional vs lo local

Empiezo por confezar que comulgo con muchas de las ideas de Mockus y que el día de las elecciones presidenciales de 2006, me levanté (relativamente) temprano para ir al consulado y votar por él para Presidente, sabiendo que el voto era absolutamente perdido. También que utilizo con frecuencia los experimentos sociales y pedagógicos que implementó en Bogotá, en discusiones con gente de otros países, y algunas de sus ideas han motivado una parte de mis proyectos de investigación. Pero, confiezo también, no pienso votar por él; y no es porque no quiera "perder" mi voto nuevamente--- seguramente así será--- sino sencillamente porque no creo que Mockus pueda ser un buen Presidente.

¿Qué cambió en cuatro años? Ciertamente, Mockus no lo hizo. Su discurso y sus ideas siguen siendo las mismas. Puede haber cambiado el ambiente político y el acontecer nacional, y que eso explique el brusco cambio en mis preferencias políticas, y puede haber, sin duda alguna, un cambio personal.

El "programa de gobierno" de Mockus es claro en lo global, pero tremendamente difuso en lo particular. Puedo estar pecando por desinformación--- pues no pude ver los debates en televisión de los candidatos del Partido Verde--- pero por lo menos en las entrevistas recientes (ver link arriba) hay muchos huecos importantes. Por ejemplo, estoy de acuerdo en que "la cultura del atajo" es un problema fundamental en el país. Pero, ¿cómo piensa resolverlo? Mimos y pedagogía, como en Bogotá?

Y qué pasará con la economía? No creo haber visto en ninguna parte comentario alguno sobre sus planteamientos económicos. Intuyo que los dos temas más importantes en una elección presidencial, en Colombia por supuesto, son la economía y el orden público. A los electores les interesa principalmente si podrán conseguir o mantener su trabajo, y en el caso de Colombia, hoy les interesa que la SD se mantenga. Curiosamente, estos dos temas difieren considerablemente si se tratan desde lo local o desde lo nacional, empezando porque los objetivos e instrumentos pueden no ser los mismos (por ejemplo, el espacio para hacer política fiscal es más cerrado en el caso local, por no hablar de la política monetaria).

Pero no parece que Mockus tenga tiempo para preocuparse por los grandes problemas a nivel nacional. La "cultura del atajo" es causa y efecto de algunos problemas fundamentales a nivel nacional, pero la solución por medio de pedagogía es más fácil de implementar a nivel local que nacional. No sólo eso, independientemente de si Mockus pudiera hacerlo a nivel nacional, el descuido de temas fundamentales a nivel nacional--- como lo son la economía y el orden público--- son, para mí, motivo de preocupación.

Por estas razones no creo que Mockus pueda ser un buen presidente, y por esto no votaré por él. Creo que sería un excelente ministro, y ojalá así lo piensen él y quien resulte ganador.