Monday, March 22, 2010
Candidatos consistentemente inconsistentes
Uno de los resultados más soprendentes en la teoría de la probabilidad es lo que podríamos llamar "el teorema del borracho" de una caminata aleatoria, que se puede resumir de la siguiente manera, utilizando el gráfico (tomado, sin permiso, de Wikipedia): escoja cualquier punto en la región blanca del gráfico; la línea roja muestra por dónde camina el borracho aleatorio, si inicializamos el proceso en un punto cualquiera. Con probabilidad uno, una caminata aleatoria (la línea roja) eventualmente pasará por ese punto, aunque probablemente tocará esperar un buen tiempo. Como todo teorema sorprendente, este parece sacado del sombrero del Mago Lorgia, y se podría denominar "la predictibilidad de ser impredecible": podemos predecir con total certeza algo sobre un proceso puramente estocástico.
En la política colombiana actual hay un fenómeno análogo que podríamos llamar "la consistente inconsistencia de (algunos de) los candidatos presidenciales". Se trata precisamente de aquellos candidatos que tienen la particularidad de estar un día en un bando y el siguiente en el bando contrario haciéndolos predeciblemente impredecibles y demostrando no sólo su sed de poder sino que están dispuestos a todo para alcanzarlo. Este es el caso de los dos candidatos uribistas, uno de los cuáles probablemente será el próximo Presidente de Colombia, si la tendencia de las más recientes encuestas y elecciones parlamentarias se mantiene.
Lo soprendente de todo esto es que siendo unos "borrachos aleatorios"--- en el sentido figurado--- sean precisamente ellos quienes lideran las encuestas y que haya un gran número de potenciales electores que estén dispuestos a depositar su voto por ellos. Y digo que es sorprendente, porque si el teorema es válido con ellos, tarde o temprano éstos electores serán traicionados y su voto perdido: si los eligieron porque prometieron X, eventualmente harán Y.
No pretendo en esta nota enseñarles a votar a los colombianos. No sólo es odioso y pretencioso, sino que va en contra de los principios democráticos: cada quién vota por quién quiera. Pero en mi opinión personal esta observación vale la pena tenerla en consideración para los próximos comicios presidenciales. Una de las características que uno debería buscar, creo, en sus candidatos es que sean consistentes y coherentes en el tiempo. La coherencia es deseable precisamente porque si uno vota porque prometieron X, hay una alta probabilidad que por lo menos intenten hacer X y no Y o Z.
En un extremo del espectro de la predecible impredictibilidad se encuentran Juan Manuel Santos y Noemí Sanín que en el pasado han mostrado poseer la característica de ser consistentemente inconsistentes. En el extremo opuesto se encuentran Mockus y Fajardo que no sólo han venido repitiendo hasta el cansancio el mismo discurso, sino que el discurso es coherente con sus acciones como alcaldes. Los otros candidatos, Pardo, Petro y Vargas Llerás, ocupan puestos intermedios. Ahora que lo pienso, la posición en el espectro está fuertemente correlacionada con la intención de voto.
Se acerca el día de la primera vuelta, y muy pronto veremos si el electorado es capaz de vencer en las urnas a los "borrachos electorales", o si por el contrario, el destino del país quedará en sus manos y dependiendo en gran medida de las leyes de la probabilidad y la politiquería.
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