El gobierno Uribe ha sido blanco de innumerables críticas, pero probablemente la que ha generado los más fervientes adjetivos es lo que algunos llamarían "la emergencia de los falsos positivos". El término "emergencia" puede hacer referencia a un estado de máxima alerta que necesita de una acción inmediata, o el de un fenómeno nuevo o novedoso, y sin lugar a dudas, ambos sentidos están en consonancia con las críticas que se han hecho en público y en privado en más de un hogar colombiano.
Parto de la base que hay un hecho incontrovertible: hoy parece haber más víctimas de falsos positivos que en el pasado reciente (la memoria política suele ser de cortísimo plazo). Sin desestimar la gravedad de los hechos, en este comentario pretendo hacer dos puntos, que me parece son fundamentales: (1) Aunque hay razones para creer que en efecto puede haber aumentadado el número de casos, la percepción de los mismos puede estar sobreestimando la magnitud real del fenómeno; y (2) los falsos positivos no son un invento de Uribe, su Ministro de Defensa o los miembros de las FFMM; siempre han existido en mayor o menor medida y por lo tanto, el segundo sentido del término "emergencia" no es realmente apropiado.
Empiezo por lo obvio: si queremos entender las causas del fenómeno hay que entender los incentivos que tienen los directamente involucrados en el conflicto. Dicho de otra forma, si a los militares se les mide por resultados, y se les exigen resultados, los militares proveerán resultados, falsos o verdaderos. Con esto quiero decir que el fenómeno de los falsos positivos no es nuevo; siempre estuvo ahí y, me atrevo a decir, no es una característica única de la guerra en Colombia (aunque seguramente es más común en guerras irregulares en donde la línea que separa e identifica a miembros de bandos contrarios es muy delgada y difusa.). ¿Por qué lo digo con tanta seguridad? Probablemente lo único que entendemos bien los economistas es que mientras haya incentivos para que un fenómeno emerga, así será. A Uribe lo eligieron para ganar la guerra, y es claro que aumentó--- considerablemente--- la exigencia sobre las FFMM. Por otro lado, el análisis económico también sugiere que de dos posibles fenómenos que puedan emerger, aquél que tenga un menor costo lo hará más rápidamente y en mayor proporción. La degradación de la guerra y la falta de controles internos sugieren que efectivamente es más fácil hoy para un militar matar un inocente que matar a un guerrillero. Por otro lado, Uribe también mejoró la productividad de los militares por medio de mayores y mejores insumos para enfrentar la guerra (armamento y tecnología, así como un aumento en el pié de fuerza), así que también hubo una reducción en los costos de "verdaderos resultados", como las estadísticas lo han mostrado.
En resúmen, la seguridad democrática aumentó la exigencia, pero también redujo los costos de mostrar "resultados verdaderos" (bajas y capturas de guerrilleros). El efecto sobre lo que hemos llamado "resultados falsos" depende de qué tanto aumentan unos y otros. Supongamos por ejemplo, que el aumento en la exigencia fue proporcional a la reducción de costos: son estos supuestos compatibles con lo que hemos llamado el "hecho incontrovertible"? Desafortunadamente la respuesta es positiva: si otra consecuencia del gobierno Uribe es la polarización política, los incentivos de la oposición para hacer mejor su tarea también aumentan e invertirán más y mejores recursos para encontrar las fallas del gobierno. Por esto, incluso si no hubo un aumento real del fenómeno, parecerá que así lo fue. Creo que es indiscutible que la oposición efectivamente ha hecho mejor la tarea de control, y esto explica también por qué podemos estar sobreestimando las proporciones del fenómeno.
Pero también hay razones para pensar que el fenómeno pudo haber aumentado realmente, en contraste con el aumento aparente descrito arriba. La guerra tiene lo que en economía llamamos "rendimientos decrecientes" en donde incrementos adicionales de insumos genera efectos cada vez menores. Varios comentaristas han mencionado antes que esto parece estar pasando con la SD y que hace un buen tiempo entramos en la fase de rendimientos decrecientes. En términos de los dos posibles resultados, lo que esto significa es que los costos de "resultados verdaderos" ha aumentado en relación a los "falsos resultados", y el nivel de exigencia no parece haberse reducido. La conclusión es que debemos esperar un aumento en los segundos, y una reducción de los primeros.
Creo que esto es todo lo que se puede decir sin entrar a especular: los falsos positivos no se los inventó Uribe; hay razones convincentes para pensar que el fenómeno siempre estuvo ahí, y no sólo eso, que es característico de las guerras en general. Tampoco es necesariamente cierto que el número de falsos positivos ha venido en aumento durante el gobierno Uribe, aunque hay razones convincentes para pensar que así pudo ser. Finalmente, también hay razones para pensar que la verdadera magnitud del fenómeno se ha sobreestimado.
PD. Alguien podría argumentar que la analogía de la guerra con la operación de una empresa es equivocada, y que por lo tanto el análisis económico realmente tiene poco que decir. Por supuesto, estoy en desacuerdo. El análisis que yo he llamado "económico" tiene realmente poco de "economía"--- error frecuente entre quienes no han estudiado con deternimiento esta disciplina--- sino que ha hecho énfasis en los incentivos de los combatientes.
De todas formas acabo de recordar un ejemplo relativamente reciente que muestra que la analogía dista mucho de estar equivocada. Tomemos el caso Enron, por ejemplo. El principal delito de Enron fue un falso positivo que consistió en reportar ingresos cuando contablemente no lo eran (por supuesto, con el objetivo de defender el de por sí alto precio de las acciones). En este caso, como en el que se discute arriba, los incentivos eran poderosos y los costos relativamente bajos. ¿Fue Enron el inventor de esta conducta? Lo dudo mucho, y el lector interesado puede consultar el magnífico libro de Kindelberger.
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