Saturday, March 13, 2010

Educación y la revolución digital

En algún libro de Amartya Sen que leí hace un par de años, el ganador del Nóbel citó a un alto funcionario de uno de los países del milagro asiático diciendo que ellos se dieron cuenta que aunque la revolución industrial los había dejado, no podían dejar que hiciera lo mismo la revolución digital. La llegada masiva de tecnologías de información en general, y de internet en particular, ha sido una lenta revolución cuyos efectos de mediano y largo plazo todavía son difíciles de cuantificar.

En Colombia, varios candidatos presidenciales han puesto la educación como objetivo principal en su programa de gobierno, aunque todavía no es claro exactamente qué pretenden hacer. Varios sugieren--- Fajardo a la cabeza, aunque también se lo he oído a Arias, Vargas Lleras y Pardo, entre otros--- que es fundamental que los colombianos más pobres tengan acceso a la educación universitaria, condición necesaria para mejorar el nivel de mobilidad social (es decir, la probabilidad que un hijo de padres del decil más bajo de la distribución del ingreso pueda escalar la pirámide de ingresos durante su vida).

Sin embargo, hasta donde estoy informado, no he leído ni oído que candidato alguno hable de la importancia de volver el acceso a las tecnologías de información una prioridad y una política de Estado (todos, por supuesto, han hecho uso de redes sociales, tratando de imitar el éxito que Obama tuvo en su carrera a la presidencia de EEUU). Y con esto no sólo quiero decir que se debe universalizar el acceso a internet. Me refiero a establecer, como parte del pénsum obligatorio en el colegio, educación en tecnologías de información, así como lo son las matemáticas, la historia, la física y la química. En el siglo XXI es cada vez más importante tener habilidades de programación y desarrollo de software y aplicaciones para internet, e intuyo, los colombianos en general carecen de tales habilidades.

Aunque el vagón de la revolución industrial nos dejó bastante rezagados, tal vez así podamos, como los asiáticos, coger el tren de la revolución digital. Pero es necesario que el Estado estableza unos lineamientos mínimos, y el Gobierno está en mora de empezar.

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