Friday, March 26, 2010

Qué es importante para elector colombiano?

En alguna entrada anterior sugerí que para el elector los dos temas importantes son el desempleo y la seguridad. En ese momento estaba especulando, un poco pensando en cómo funciona el elector en EEUU.  Por supuesto, la comparación es pésima, pues el elector promedio gringo es bastante diferente al promedio colombiano, y los problemas que cada país tienen son radicalmente diferentes.  De todas formas la apuesta en ese momento sonó razonable: desempleo y seguridad.

La más reciente encuesta de El Tiempo y La W sin embargo, sugiere por lo menos dos cosas: (1) aunque estaba equivocado, el descache no fue mayor y (2) el elector colombiano, de acuerdo con las encuestas, es totalmente irracional.

Según la encuesta, los problemas son, en orden de importancia, desempleo, pobreza, calidad de salud e inseguridad.  De lejos, el problema más importante es el desempleo, y la seguridad ocupa en humilde cuarto puesto.  En conclusión, no estuve tan mal, aunque por supuesto lo que dije es medio obvio.  Lo curioso del asunto es que si hubiera consonancia entre los problemas y los candidatos, el ránking de problemas debería tener alguna correspondencia con el de los candidatos.  Por ejemplo, si el desempleo es un tema crucial para el elector, el candidato con mayor intención de voto sería aquel que tenga propuestas convincentes para aliviar el desempleo.  La misma encuesta sugiere que este no es el caso: Santos y Noemí están, de lejos, a la cabeza, seguidos por Mockus, Petro y los demás candidatos.

La conclusión es simple: o los electores no sabe qué problemas son importantes, o no saben qué proponen los candidatos, o las encuestas no están capturando al electorado potencial real.  Y la conclusión más de fondo es que realmente no sabemos cómo vota el elector colombiano.  Puede que sea también un "elector borracho" y realmente haya poco de sistemático en nuestra democracia macondiana, que se ciñe solamente a las reglas del realismo mágico.

Thursday, March 25, 2010

Noemí, la Palin colombiana?

Hay dos cosas de Noemí Sanín que me llaman mucho la atención.  Primero, la confusión ortográfica que su nombre genera en algunos comentaristas que sin la más mínima vergüenza, le meten una "h" entre la o y la e.  Segundo, y tal vez más importante, lo superficial y repetitiva que son sus respuestas.  Me gustaría decir que la primera es de forma y la segunda de fondo, pero en este caso, tristemente, las dos son de forma y Noemí parece no tener fondo alguno.

No pude ver el debate de RCN, pero lo dicho por varios observadores, apunta a que Noemí nuevamente se rajó.  Sus respuestas dejan ver el claro rastro de sus asesores, y se nota que ha hecho la tarea de memorizar y repetir.  No me sorprendería que si le preguntan algo salido medianamente del libreto, la Sanín, como la Palin, deba recurrir a la copialina.

Sin embargo no estoy seguro que la comparación con la Palin sea apropiada.  Después de todo esta última salió elegida como gobernadora de Alaska, y Sanín nunca ha sido elegida.  En Palin se notaba el claro desconocimiento de cultura general y geografía, pero Sanín no ha hecho más que viajar así que su visión de mundo debe ser mucho más amplia.

En un país como Colombia la comparación más apropiada tal vez sea con las reinas de belleza, a quienes, en los meses antes del certamen, los asesores "reales" hacen una real limpieza cerebral y todas repiten, con una confianza igualmente practicada, las mismas respuestas a las mismas preguntas sacadas del libreto.  En el caso de la Sanín, el paso de la aspiradora mental de sus asesores es aparente, y el resultado es un producto poco llamativo, más cuando se le contrasta con Arias, el saltimbanqui en versión "mejorada".

Termino especulando y dejando salir al psicólogo popular que todos tenemos por dentro: el problema de Sanín es haber perdido tres elecciones presidenciales.  En su caso, perder no es ganar un poco y se nota el desgaste mental, los complejos y frustraciones del pasado. De todas formas, Noemí tiene algo asegurado: el 7 de agosto se va de viaje; yo sugeriría la embajada en China, donde ojalá, el bagaje cultural y espiritual del gigante asiático puedan, de una vez por todas, exorcizar definitivamente a los demonios del pasado.

Monday, March 22, 2010

Candidatos consistentemente inconsistentes


Uno de los resultados más soprendentes en la teoría de la probabilidad es lo que podríamos llamar "el teorema del borracho" de una caminata aleatoria, que se puede resumir de la siguiente manera, utilizando el gráfico (tomado, sin permiso, de Wikipedia): escoja cualquier punto en la región blanca del gráfico; la línea roja muestra por dónde camina el borracho aleatorio, si inicializamos el proceso en un punto cualquiera.  Con probabilidad uno, una caminata aleatoria (la línea roja) eventualmente pasará por ese punto, aunque probablemente tocará esperar un buen tiempo.  Como todo teorema sorprendente, este parece sacado del sombrero del Mago Lorgia, y se podría denominar "la predictibilidad de ser impredecible": podemos predecir con total certeza algo sobre un proceso puramente estocástico.

En la política colombiana actual hay un fenómeno análogo que podríamos llamar "la consistente inconsistencia de (algunos de) los candidatos presidenciales". Se trata precisamente de aquellos candidatos que tienen la particularidad de estar un día en un bando y el siguiente en el bando contrario haciéndolos predeciblemente impredecibles y demostrando no sólo su sed de poder sino que están dispuestos a todo para alcanzarlo.  Este es el caso de los dos candidatos uribistas, uno de los cuáles probablemente será el próximo Presidente de Colombia, si la tendencia de las más recientes encuestas y elecciones parlamentarias se mantiene.

Lo soprendente de todo esto es que siendo unos "borrachos aleatorios"--- en el sentido figurado--- sean precisamente ellos quienes lideran las encuestas y que haya un gran número de potenciales electores que estén dispuestos a depositar su voto por ellos.  Y digo que es sorprendente, porque si el teorema es válido con ellos, tarde o temprano éstos electores serán traicionados y su voto perdido: si los eligieron porque prometieron X, eventualmente harán Y.

No pretendo en esta nota enseñarles a votar a los colombianos.  No sólo es odioso y pretencioso, sino que va en contra de los principios democráticos: cada quién vota por quién quiera.  Pero en mi opinión personal esta observación vale la pena tenerla en consideración para los próximos comicios presidenciales.  Una de las características que uno debería buscar, creo, en sus candidatos es que sean consistentes y coherentes en el tiempo.  La coherencia es deseable precisamente porque si uno vota porque prometieron X, hay una alta probabilidad que por lo menos intenten hacer X y no Y o Z.

En un extremo del espectro de la predecible impredictibilidad se encuentran Juan Manuel Santos y Noemí Sanín que en el pasado han mostrado poseer la característica de ser consistentemente inconsistentes.  En el  extremo opuesto se encuentran Mockus y Fajardo que no sólo han venido repitiendo hasta el cansancio el mismo discurso, sino que el discurso es coherente con sus acciones como alcaldes.  Los otros candidatos, Pardo, Petro y Vargas Llerás, ocupan puestos intermedios.  Ahora que lo pienso, la posición en el espectro está fuertemente correlacionada con la intención de voto.

Se acerca el día de la primera vuelta, y muy pronto veremos si el electorado es capaz de vencer en las urnas a los "borrachos electorales", o si por el contrario, el destino del país quedará en sus manos y dependiendo en gran medida de las leyes de la probabilidad y la politiquería.

Friday, March 19, 2010

La Emergencia de los Falsos Positivos

El gobierno Uribe ha sido blanco de innumerables críticas, pero probablemente la que ha generado los más fervientes adjetivos es lo que algunos llamarían "la emergencia de los falsos positivos".  El término "emergencia" puede hacer referencia a un estado de máxima alerta que necesita de una acción inmediata, o el de un fenómeno nuevo o novedoso, y sin lugar a dudas, ambos sentidos están en consonancia con las críticas que se han hecho en público y en privado en más de un hogar colombiano.

Parto de la base que hay un hecho incontrovertible: hoy parece haber más víctimas de falsos positivos que en el pasado reciente (la memoria política suele ser de cortísimo plazo).  Sin desestimar la gravedad de los hechos, en este comentario pretendo hacer dos puntos, que me parece son fundamentales: (1) Aunque hay razones para creer que en efecto puede haber aumentadado el número de casos, la percepción de los mismos puede estar sobreestimando la magnitud real del fenómeno; y (2) los falsos positivos no son un invento de Uribe, su Ministro de Defensa o los miembros de las FFMM; siempre han existido en mayor o menor medida y por lo tanto, el segundo sentido del término "emergencia" no es realmente apropiado.

Empiezo por lo obvio: si queremos entender las causas del fenómeno hay que entender los incentivos que tienen los directamente involucrados en el conflicto.  Dicho de otra forma, si a los militares se les mide por resultados, y se les exigen resultados, los militares proveerán resultados, falsos o verdaderos.  Con esto quiero decir que el fenómeno de los falsos positivos no es nuevo; siempre estuvo ahí y, me atrevo a decir, no es una característica única de la guerra en Colombia (aunque seguramente es más común en guerras irregulares en donde la línea que separa e identifica a miembros de bandos contrarios es muy delgada y difusa.).  ¿Por qué lo digo con tanta seguridad?  Probablemente lo único que entendemos bien los economistas es que mientras haya incentivos para que un fenómeno emerga, así será.  A Uribe lo eligieron para ganar la guerra, y es claro que aumentó--- considerablemente--- la exigencia sobre las FFMM.  Por otro lado, el análisis económico también sugiere que de dos posibles fenómenos que puedan emerger, aquél que tenga un menor costo lo hará más rápidamente y en mayor proporción.  La degradación de la guerra y la falta de controles internos sugieren que efectivamente es más fácil hoy para un militar matar un inocente que matar a un guerrillero.  Por otro lado, Uribe también mejoró la productividad de los militares por medio de mayores y mejores insumos para enfrentar la guerra (armamento y tecnología, así como un aumento en el pié de fuerza), así que también hubo una reducción en los costos de "verdaderos resultados", como las estadísticas lo han mostrado.

En resúmen, la seguridad democrática aumentó la exigencia, pero también redujo los costos de mostrar "resultados verdaderos" (bajas y capturas de guerrilleros).  El efecto sobre lo que hemos llamado  "resultados falsos" depende de qué tanto aumentan unos y otros.  Supongamos por ejemplo, que el aumento en la exigencia fue proporcional a la reducción de costos: son estos supuestos compatibles con lo que hemos llamado el "hecho incontrovertible"?  Desafortunadamente la respuesta es positiva: si otra consecuencia del gobierno Uribe es la polarización política, los incentivos de la oposición para hacer mejor su tarea también aumentan e invertirán más y mejores recursos para encontrar las fallas del gobierno.  Por esto, incluso si no hubo un aumento real del fenómeno, parecerá que así lo fue.   Creo que es indiscutible que la oposición efectivamente ha hecho mejor la tarea de control, y esto explica también por qué podemos estar sobreestimando las proporciones del fenómeno.

Pero también hay razones para pensar que el fenómeno pudo haber aumentado realmente, en contraste con el aumento aparente descrito arriba.  La guerra tiene lo que en economía llamamos "rendimientos decrecientes" en donde incrementos adicionales de insumos genera efectos cada vez menores.  Varios comentaristas han mencionado antes que esto parece estar pasando con la SD y que hace un buen tiempo entramos en la fase de rendimientos decrecientes.  En términos de los dos posibles resultados, lo que esto significa es que los costos de "resultados verdaderos" ha aumentado en relación a los "falsos resultados", y el nivel de exigencia no parece haberse reducido.  La conclusión es que debemos esperar un aumento en los segundos, y una reducción de los primeros.

Creo que esto es todo lo que se puede decir sin entrar a especular: los falsos positivos no se los inventó Uribe; hay razones convincentes para pensar que el fenómeno siempre estuvo ahí, y no sólo eso, que es característico de las guerras en general.  Tampoco es necesariamente cierto que el número de falsos positivos ha venido en aumento durante el gobierno Uribe, aunque hay razones convincentes para pensar que así pudo ser.  Finalmente, también hay razones para pensar que la verdadera magnitud del fenómeno se ha sobreestimado.



PD. Alguien podría argumentar que la analogía de la guerra con la operación de una empresa es equivocada, y que por lo tanto el análisis económico realmente tiene poco que decir.  Por supuesto, estoy en desacuerdo.  El análisis que yo he llamado "económico" tiene realmente poco de "economía"--- error frecuente entre quienes no han estudiado con deternimiento esta disciplina--- sino que ha hecho énfasis en los incentivos de los combatientes.

De todas formas acabo de recordar un ejemplo relativamente reciente que muestra que la analogía dista mucho de estar equivocada.  Tomemos el caso Enron, por ejemplo.  El principal delito de Enron fue un falso positivo que consistió en reportar ingresos cuando contablemente no lo eran (por supuesto, con el objetivo de defender el de por sí alto precio de las acciones).  En este caso, como en el que se discute arriba, los incentivos eran poderosos y los costos relativamente bajos.  ¿Fue Enron el inventor de esta conducta?  Lo dudo mucho, y el lector interesado puede consultar el magnífico libro de Kindelberger.

Saturday, March 13, 2010

Educación y la revolución digital

En algún libro de Amartya Sen que leí hace un par de años, el ganador del Nóbel citó a un alto funcionario de uno de los países del milagro asiático diciendo que ellos se dieron cuenta que aunque la revolución industrial los había dejado, no podían dejar que hiciera lo mismo la revolución digital. La llegada masiva de tecnologías de información en general, y de internet en particular, ha sido una lenta revolución cuyos efectos de mediano y largo plazo todavía son difíciles de cuantificar.

En Colombia, varios candidatos presidenciales han puesto la educación como objetivo principal en su programa de gobierno, aunque todavía no es claro exactamente qué pretenden hacer. Varios sugieren--- Fajardo a la cabeza, aunque también se lo he oído a Arias, Vargas Lleras y Pardo, entre otros--- que es fundamental que los colombianos más pobres tengan acceso a la educación universitaria, condición necesaria para mejorar el nivel de mobilidad social (es decir, la probabilidad que un hijo de padres del decil más bajo de la distribución del ingreso pueda escalar la pirámide de ingresos durante su vida).

Sin embargo, hasta donde estoy informado, no he leído ni oído que candidato alguno hable de la importancia de volver el acceso a las tecnologías de información una prioridad y una política de Estado (todos, por supuesto, han hecho uso de redes sociales, tratando de imitar el éxito que Obama tuvo en su carrera a la presidencia de EEUU). Y con esto no sólo quiero decir que se debe universalizar el acceso a internet. Me refiero a establecer, como parte del pénsum obligatorio en el colegio, educación en tecnologías de información, así como lo son las matemáticas, la historia, la física y la química. En el siglo XXI es cada vez más importante tener habilidades de programación y desarrollo de software y aplicaciones para internet, e intuyo, los colombianos en general carecen de tales habilidades.

Aunque el vagón de la revolución industrial nos dejó bastante rezagados, tal vez así podamos, como los asiáticos, coger el tren de la revolución digital. Pero es necesario que el Estado estableza unos lineamientos mínimos, y el Gobierno está en mora de empezar.

Tuesday, March 9, 2010

El TLC y la elección presidencial

El TLC con EEUU es uno de esos temas que no se ha tocado en las discusiones con los candidatos y precandidatos presidenciales. Sin lugar a dudas puede ser aún temprano para esto, y el tema sólo se empiece a debatir después de la primera vuelta. De cualquier forma, llama la atención que ningún candidato lo haya tomado como bandera de campaña, pues, intuyo, muchos colombianos están cansados del trato que el país del norte le ha dado al país. ¿Son los beneficios del TLC tan grandes como para que Colombia suplique por su firma? Es claro que el gobierno Uribe piensa que sí. Pero, ¿qué piensan los colombianos sobre esto? Lo dicho por Luis Carlos Villegas esta semana sugiere que hasta los empresarios se están empezando a aburrir del tema.

Mi opinión personal es que Colombia debería decir que por ahora no está interesado en el tema; que ya no nos interesa, a menos que las condiciones cambien. El riesgo es que EEUU decida que entonces las preferencias arancelarias ATPDEA también se retiran. En ese escenario, la medida debería también perjudicar a los otros beneficiarios del tratado (Bolivia, Ecuador y Perú) y el panorama político para EEUU en América Latina terminaría por ensombrecerse, algo que no creo que el país del norte quiera.

Desafortunadamente las relaciones con estos países, excluyendo a Perú, no son las mejores. Pero vale la pena volver a pensar en negociar en bloque este tipo de tratados, sobre todo ahora que el poder de negociación de Brasil ha empezado a ocupar espacio en los medios internacionales.

Habrá que ver qué dicen los candidatos.

Sunday, March 7, 2010

Mockus y lo nacional vs lo local

Empiezo por confezar que comulgo con muchas de las ideas de Mockus y que el día de las elecciones presidenciales de 2006, me levanté (relativamente) temprano para ir al consulado y votar por él para Presidente, sabiendo que el voto era absolutamente perdido. También que utilizo con frecuencia los experimentos sociales y pedagógicos que implementó en Bogotá, en discusiones con gente de otros países, y algunas de sus ideas han motivado una parte de mis proyectos de investigación. Pero, confiezo también, no pienso votar por él; y no es porque no quiera "perder" mi voto nuevamente--- seguramente así será--- sino sencillamente porque no creo que Mockus pueda ser un buen Presidente.

¿Qué cambió en cuatro años? Ciertamente, Mockus no lo hizo. Su discurso y sus ideas siguen siendo las mismas. Puede haber cambiado el ambiente político y el acontecer nacional, y que eso explique el brusco cambio en mis preferencias políticas, y puede haber, sin duda alguna, un cambio personal.

El "programa de gobierno" de Mockus es claro en lo global, pero tremendamente difuso en lo particular. Puedo estar pecando por desinformación--- pues no pude ver los debates en televisión de los candidatos del Partido Verde--- pero por lo menos en las entrevistas recientes (ver link arriba) hay muchos huecos importantes. Por ejemplo, estoy de acuerdo en que "la cultura del atajo" es un problema fundamental en el país. Pero, ¿cómo piensa resolverlo? Mimos y pedagogía, como en Bogotá?

Y qué pasará con la economía? No creo haber visto en ninguna parte comentario alguno sobre sus planteamientos económicos. Intuyo que los dos temas más importantes en una elección presidencial, en Colombia por supuesto, son la economía y el orden público. A los electores les interesa principalmente si podrán conseguir o mantener su trabajo, y en el caso de Colombia, hoy les interesa que la SD se mantenga. Curiosamente, estos dos temas difieren considerablemente si se tratan desde lo local o desde lo nacional, empezando porque los objetivos e instrumentos pueden no ser los mismos (por ejemplo, el espacio para hacer política fiscal es más cerrado en el caso local, por no hablar de la política monetaria).

Pero no parece que Mockus tenga tiempo para preocuparse por los grandes problemas a nivel nacional. La "cultura del atajo" es causa y efecto de algunos problemas fundamentales a nivel nacional, pero la solución por medio de pedagogía es más fácil de implementar a nivel local que nacional. No sólo eso, independientemente de si Mockus pudiera hacerlo a nivel nacional, el descuido de temas fundamentales a nivel nacional--- como lo son la economía y el orden público--- son, para mí, motivo de preocupación.

Por estas razones no creo que Mockus pueda ser un buen presidente, y por esto no votaré por él. Creo que sería un excelente ministro, y ojalá así lo piensen él y quien resulte ganador.