La noticia de un joven que fue golpeado por reclamarle a un grupo de personas que decidieron entrar sin pagar a Transmilenio me recordó uno de los grandes éxitos de Mockus como alcalde de Bogotá.
Empiezo por darle un contexto teórico a la discusión. Probablemente uno de los juegos más estudiados en las ciencias sociales es el Dilema del Prisionero, en donde dos individuos deben decidir si cooperan o no. Si lo hacen, los dos obtienen el máximo beneficio posible. Si ninguno coopera ambos pierden un poco en relación al resultado socialmente deseable. Lo interesante de este juego--- lo que lo vuelve un dilema--- es que si los dos jugadores actúan de manera racional, pensando únicamente en ellos, el único resultado estable (un "equilibrio") es que ninguno coopere, resultado lamentable por supuesto, pues si existiera algún mecanismo creíble, ambos estarían mejor si cooperan entre ellos. Si el juego se repite (infinitas veces), los individuos cooperarán en equilibrio, una y otra vez, si existe alguna estrategia en donde cuando uno no coopere, el otro lo castigue el siguiente período; una de estas estrategias es la de Ojo-por-Ojo (traducción mía del "Tit-for-Tat" en inglés).
Utilizando este modelo, algo abstracto, y aplicándolo para el caso de una sociedad con muchos individuos, no es difícil pensar que para que sea sostenible en el tiempo debe haber mecanismos tales que garanticen la cooperación entre ellos, siendo uno de estos el del castigo social: si alguien hace algo indebido, los demás lo señalan y lo castigan. La ley, en sí misma, si se aplica, cumple con esta función social, pero en muchos casos, faltas menores que son deseables de controlar, pero que son difícilmente monitoreables a través de mecanismos policivos, podrían reducirse a un mínimo socialmente aceptable a través del castigo social.
Mockus, por medio de pedagogía y avisos con un dedo hacia arriba en señal de aprobación, y uno hacia abajo en caso contrario, logró hacer algo que parecía imposible en una sociedad, como la bogotana, que se había acostumbrado a que cualquier tipo de castigo social podría poner inmediatamente en riesgo su vida. La solución fue absolutamente genial: los ciudadanos deben empezar a ejercer control y castigo social, pero éste debe hacerse de manera tal que no ponga en riesgo sus vidas. La forma de estandarizar el proceso fue por medio de las señales previamente descritas, lo que garantizaba que el infractor supiera que esa regla de juego era socialmente aceptable, y al mismo tiempo minimizaba el riesgo de agresión por parte del infractor, en respuesta a un reclamo igualmente agresivo.
Teniendo en cuenta el contexto en el que vivió Colombia durante los 80s y 90s con el narcotráfico y los considerablemente mayores índices de violencia, lo de Mockus fue apoteósico, y necesario. Cuando uno tiene la posibilidad de vivir en el exterior, en sociedades desarrolladas, se da cuenta que el control social es aceptado y se utiliza con frecuencia. La pregunta de siempre es la de causalidad: qué fue primero, el huevo (el desarrollo económico) o la gallina (la obediencia cívica). La pregunta sigue estando abierta, pero en este caso particular, es intuitivo pensar que una condición necesaria para que una economía logre desarrollarse es que existan mecanismos que garanticen la cooperación, que es el argumento principal de economistas institucionalistas como Douglass North.
Queda la duda, si algo como el experimento de Bogotá se puede repetir a nivel nacional. La tarea es considerablemente más difícil, en particular porque los incentivos para desviarse son poderosos, que no era el caso de las infracciones menores que Mockus redujo por medio de pedagogía cívica en Bogotá.
Saturday, May 22, 2010
Mockus, ¿presidente?
A casi una semana de las elecciones presidenciales, las encuestas muestran todavía, y de manera consistente, a Mockus y a Santos en la delantera, y es cada vez más improbable que alguno de los dos gane en primera vuelta. En materia económica y en el conocimiento de algunos temas de Estado, Santos parece llevarle ventaja a Mockus, quién, en los más recientes debates y entrevistas ha mostrado su falta de experiencia en temas claves a nivel nacional. Santos genera una amplia animadversión entre los antiuribistas, pero en un país donde el Presidente todavía tiene gran aceptación esto no puede explicar por qué el candidato del partido verde tiene posibilidades reales de ganar. Más bien, el fenómeno se puede explicar por lo que parece ser un rechazo genearlizado a las prácticas politiqueras que, con algo de razón, se le endilgan al candidato del Presidente.
¿Qué puede pasar en si Mockus llega a la Presidencia? Por un lado, da confianza el hecho que Mockus entiende y acepta sus debilidades, y se rodee de expertos en temas fundamentales a nivel nacional. Fajardo sería un excelente Ministro de Educación, y me gustaría ver a Peñalosa más como Ministro de Transporte que como Ministro de Defensa. En materia económica, Salomón Kalmanovitz o Alejandro Gaviria podrían ser miembros activos del gabinete, reforzando así la principal falencia del candidato verde. En general, estar rodeado de expertos en cada uno de estos frentes da confianza al elector preocupado por lo que puede ser una propuesta de gobierno superficial e idealista.
Pero si la principal razón del electorado para votar por Mockus es su transparencia y honestidad y la disposición absoluta que tiene en la lucha contra la corrupción, ¿puede Mockus realmente cambiar la forma como se hace política? La respuesta no es fácil, pero un análisis breve detrás de los incentivos del mercado de políticos puede dar algunas luces.
Un primer cambio que se puede lograr es hacer que la ciudadanía sea responsable del control político. Esto lo puede hacer por medio de pedagogía y de dar ejemplo. En democracias avanzadas esto sucede por medio de organizaciones de individuos y la democratización de internet puede facilitar aún más la labor.
Por otro lado, dudo mucho que logre, en el corto plazo, un cambio en la "oferta" de políticos, caracterizada actualmente por individuos que, en su mayoría utilizan el poder para su propio beneficio. La idea de una democracia con políticos altruistas, cuyo único interés es el bien común del "país" o de su grupo de interés es utópica y en este caso, los incentivos son poderosos. Sin embargo, la historia reciente del país--- y en particular las exitosas alcaldías en Bogotá y en Medellín--- muestra que puede haber un efecto importante sobre la oferta de políticos. Una característica del mercado actual es que hay poderosas barreras a la entrada de políticos honestos, puestas desde adentro por la mayoría deshonesta. El caso de un Presidente honesto--- así como el de un Alcalde honesto--- puede cambiar las expectativas de quienes estén considerando empezar a caminar el curvilíneo camino de la política, y pensar que realmente sí es posible lograrlo (por ejemplo, ¿habría podido Fajardo llegar a la alcaldía de Medellín sin el éxito de Mockus-Peñalosa en Bogotá? ¿Lo habría siquiera intentado?). Intuyo que de llegar Mockus a la Presidencia, una nueva camada de "políticos buenos" podría engrosar la oferta de políticos, y, dado que el mercado está restringido a unos cuantos puestos, sustituir a algunos de los "malos políticos".
Finalmente, Mockus podría también tener un efecto sobre la "demanda de políticos". El elector muestra desinterés cuando es indiferente entre un político malo y cualquier otro: en la práctica sabe que nada va a cambiar y que los dos van a robar o usar el poder para su propio beneficio. Pero si la experiencia Mockus es positiva, esto puede alimentar la demanda de "buenos políticos" que, sumado al efecto sobre la oferta, terminaría por llevarnos a lo que los economistas llamarían un "equilibrio superior", es decir, un estado de la naturaleza que es mejor para la sociedad en conjunto.
Pensando como científico social, me gustaría ver a Mockus ganar: sería una experiencia única para ver qué tanto puede afectar un "buen político" el equilibrio de corto, mediano y largo plazo, y poner a prueba lo que las más simples intuiciones sugieren. Como colombiano espero que el experimento funcione. Dudo mucho que los costos de no hacerlo sean altos, y ojalá más colombianos piensen lo mismo.
¿Qué puede pasar en si Mockus llega a la Presidencia? Por un lado, da confianza el hecho que Mockus entiende y acepta sus debilidades, y se rodee de expertos en temas fundamentales a nivel nacional. Fajardo sería un excelente Ministro de Educación, y me gustaría ver a Peñalosa más como Ministro de Transporte que como Ministro de Defensa. En materia económica, Salomón Kalmanovitz o Alejandro Gaviria podrían ser miembros activos del gabinete, reforzando así la principal falencia del candidato verde. En general, estar rodeado de expertos en cada uno de estos frentes da confianza al elector preocupado por lo que puede ser una propuesta de gobierno superficial e idealista.
Pero si la principal razón del electorado para votar por Mockus es su transparencia y honestidad y la disposición absoluta que tiene en la lucha contra la corrupción, ¿puede Mockus realmente cambiar la forma como se hace política? La respuesta no es fácil, pero un análisis breve detrás de los incentivos del mercado de políticos puede dar algunas luces.
Un primer cambio que se puede lograr es hacer que la ciudadanía sea responsable del control político. Esto lo puede hacer por medio de pedagogía y de dar ejemplo. En democracias avanzadas esto sucede por medio de organizaciones de individuos y la democratización de internet puede facilitar aún más la labor.
Por otro lado, dudo mucho que logre, en el corto plazo, un cambio en la "oferta" de políticos, caracterizada actualmente por individuos que, en su mayoría utilizan el poder para su propio beneficio. La idea de una democracia con políticos altruistas, cuyo único interés es el bien común del "país" o de su grupo de interés es utópica y en este caso, los incentivos son poderosos. Sin embargo, la historia reciente del país--- y en particular las exitosas alcaldías en Bogotá y en Medellín--- muestra que puede haber un efecto importante sobre la oferta de políticos. Una característica del mercado actual es que hay poderosas barreras a la entrada de políticos honestos, puestas desde adentro por la mayoría deshonesta. El caso de un Presidente honesto--- así como el de un Alcalde honesto--- puede cambiar las expectativas de quienes estén considerando empezar a caminar el curvilíneo camino de la política, y pensar que realmente sí es posible lograrlo (por ejemplo, ¿habría podido Fajardo llegar a la alcaldía de Medellín sin el éxito de Mockus-Peñalosa en Bogotá? ¿Lo habría siquiera intentado?). Intuyo que de llegar Mockus a la Presidencia, una nueva camada de "políticos buenos" podría engrosar la oferta de políticos, y, dado que el mercado está restringido a unos cuantos puestos, sustituir a algunos de los "malos políticos".
Finalmente, Mockus podría también tener un efecto sobre la "demanda de políticos". El elector muestra desinterés cuando es indiferente entre un político malo y cualquier otro: en la práctica sabe que nada va a cambiar y que los dos van a robar o usar el poder para su propio beneficio. Pero si la experiencia Mockus es positiva, esto puede alimentar la demanda de "buenos políticos" que, sumado al efecto sobre la oferta, terminaría por llevarnos a lo que los economistas llamarían un "equilibrio superior", es decir, un estado de la naturaleza que es mejor para la sociedad en conjunto.
Pensando como científico social, me gustaría ver a Mockus ganar: sería una experiencia única para ver qué tanto puede afectar un "buen político" el equilibrio de corto, mediano y largo plazo, y poner a prueba lo que las más simples intuiciones sugieren. Como colombiano espero que el experimento funcione. Dudo mucho que los costos de no hacerlo sean altos, y ojalá más colombianos piensen lo mismo.
Monday, May 3, 2010
El disfraz santista
Ya en alguna ocasión escribí por qué desconfío de los candidatos que, como Juan Manuel Santos, tienen la camaleónica facilidad de cambiar su plumaje ideológico con tal de llegar al poder. Desconozco si esta preocupación genera la misma desconfianza en el elector promedio, o mediano--- como lo llamarían los economistas y politólogos--- pero de ser así, el pronunciamiento de hoy debería perjudicarlo aún más en las encuestas.
Ojalá sea así. Ojalá podamos vencer, probablemente por primera vez en la historia reciente, al clientelismo y la politiquería. Vamos a ver hasta dónde llega la gallardía del electorado colombiano.
DV
Ojalá sea así. Ojalá podamos vencer, probablemente por primera vez en la historia reciente, al clientelismo y la politiquería. Vamos a ver hasta dónde llega la gallardía del electorado colombiano.
DV
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